miércoles, 29 de mayo de 2013


ACTIVIDAD 1. TRANSFORMACIONES

Me llamo Carlos y soy profesor de francés en la Universidade de Vigo, en Galicia (ES/UE). Aunque la institución en la que trabajo es relativamente joven -se fundó en 1990-, mi facultad cuenta ya con una larga historia que se remonta a varias décadas atrás. Se trata, nada más y nada menos, de la Facultad de Ciencias de la Educación. Antes de ocupar mi plaza en esta universidad, trabajé en la Facultad de Filología de la Universidade de Santiago de Compostela. 
Llevo ya trece años dando clase y he vivido en primera persona el paso que Martínez Alvarado evoca desde la Web 1.0, la de recopilación y almacenamiento de contenidos, a la Web 2.0, la de la construcción cooperativa de nuevos contenidos. He visto cómo las TICs se han ido incorporando rápidamente a mi día a día laboral: primero a la gestión académica (inscripciones, diseño de programasy calendarios, calificaciones etc.) y después al trabajo en el aula. A día de hoy, el uso de la plataforma de aprendizaje en línea es habitual en casi todas las asignaturas. Todas las aulas cuentan con ordenadores, cañones de video y conexión de banda ancha a internet. Prácticamente todos mis estudiantes, supuestamente todos nativos digitales, disponen de uno o incluso varios dispositivos con los que acceden continuamente a internet (portátiles, tablets, teléfonos inteligentes). 
Todo ha cambiado mucho en muy poco tiempo y, sin embargo, la manera de enseñar de los docentes, la forma en que aprenden con ellos los estudiantes, apenas ha sufrido cambios. El proceso de enseñanza-aprendizaje sigue basándose, por lo general, en el aula magistral, en la lectura y redacción de textos, y en evaluaciones presenciales tradicionales. Las TICs se han integrado sólo como un nuevo soporte sustituyendo al papel: los textos son ahora escaneados y almacenados en la plataforma de aprendizaje. Eso suele ser todo en una facultad donde profesorado y alumnado debería interesarse más por las implicaciones y oportunidades de una revolución educativa de la que parecen ser más espectadores que protagonistas.
Por un lado, y por diversos motivos, la mayoría del profesorado no ha orientado su formación continua hacía nuevas prácticas docentes más interactivas, creativas y motivadoras. Han asumido las TICs como herramientas para optimizar la gestión académica. Por otro lado, el alumnado, y también por diversos motivos, desconoce el potencial de las TIC para su aprendizaje y las usa, básicamente, para buscar, copiar y pegar contenidos, así como, por supuesto, para relacionarse en las redes sociales. Son nativos digitales, cierto, pero muchos son también en cierta medida analfabetos digitales.
Pienso, pues, que el verdadero cambio está aún por llegar y que ese cambio sólo puede producirse mediante un cambio en la formación y selección del profesorado. Sin embargo, me temo que para ello tiene que producirse un cambio en la concepción que la sociedad tiene de la educación en general y del papel del profesorado y de las instituciones educativas en particular. A este respecto, coincido plenamente con Carneiro. La visión prospectiva que ofrece al final de su texto me parece muy sugerente, aunque no se si finalmente será exactamente así ni sobre todo cuándo será así.
No creo que las universidades abandonen su vocación educativa, pero si veo que, cada vez más, están más conectadas con otros ámbitos educativos, especialmente con los centros de formación profesional, los de formación continua de empresas o incluso con centros de enseñanzas especiales como las escuelas de idiomas o los conservatorios de música.
Creo que poco a poco las instituciones educativas se van a ir centrando más en el aprendizaje que en la enseñanza. La adquisición y reconocimiento de competencias frente a la de contenidos forma parte ya de la fundamentación -al menos teórica- de las últimas leyes de educación en España, inspiradas en las directrices de la Unión Europea. Por otro lado, todo parece indicar que en esa adquisición de competencias (no sólo profesionales, sino también cognitivas, emocionales, cívicas etc.) se hará mediante metodologías activas que fomenten la autonomía, la creatividad y la motivación, adaptándose al perfil de aprendizaje de cada individuo y en las que el docente pasa a ser ese "mentor" o acompañante que se menciona en los textos de referencia. El trabajo por proyectos y tareas constituye ya un buen ejemplo de todo ello. Sin duda, eso se hará en buena medida gracias a las TICs, pero éstas no constituyen una garantía de ese cambio.